sábado, 17 de noviembre de 2007

Adios, tipo sin alma

Mi jefe se marcha, mejor dicho, le ascienden. Era de esperar que a un individuo que sobrepasó hace años su nivel de incompetencia, le nombren subdirector de una superentidad. Fenómeno, subdirector es un cargo perfecto: por encima de tí un director para eludir responsabilidades y por debajo una caterva de parásitos dispuestos a rendirte pleitesía en los que delegar ineptitudes.
Los envidiosos dicen que le delegan y probablemente de cara a la galería sea cierto. Pero la única verdad es que se está descojonando de la risa y relamiéndose de gusto: es el puesto a su medida, el molde calentito en el que insertar su culo, el troquel de cartón pluma de su nulidad.
Aristóteles definía el alma como la primera entelequia del cuerpo físico que en potencia tiene vida. Y hablaba de tres tipos: vegetativa, sensitiva y racional. A estas alturas me pregunto qué clase de alma tiene un personaje que no se aprendió mi nombre en cinco años de compartir día a día: Consonante, vocal, consonante...olvídalo.
Un ser que mintió, robó, estafó, con la más absoluta impunidad y con el beneplácito de los que estaban por encima de él. Si alguna vez tuvo alma, tuvo vida, la vendió para rehipotecar su casa y comprarse un chalet con emparrado de buganvillas.
Querido ex-jefe, llevas un muerto dentro. Adiós, buen viaje y abróchate el cinturón.



No hay comentarios: